El director del Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas Colombiana, sacerdote Diego Meza, comparte con Vatican News los trabajos y desafíos que continuos luego el terremoto del pasado 10 de agosto: “queremos que las comunidades sean protagonistas de su recuperación y no solamente receptoras de asistencia”.
Padre Diego, después de varias semanas recorriendo los territorios afectados, ¿en qué momento se encuentra hoy la emergencia en Colombia?
Estamos en un momento de transición que es especialmente delicado. La fase más visible de la emergencia comienza a disminuir, pero eso no significa que las necesidades hayan desaparecido. Al contrario, seguimos encontrando familias con dificultades de alojamiento, viviendas que requieren reparación o reconstrucción, comunidades con acceso limitado a la respuesta institucional y hogares que todavía necesitan acompañamiento para recuperar unas condiciones mínimas de estabilidad. Por eso desde la Pastoral Social Naciona de Colombia estamos tratando de trabajar simultáneamente en dos tiempos: responder a necesidades humanitarias que todavía persisten y preparar seriamente la recuperación temprana. El problema que veo es que ya algunos comienzan a declarar superada la emergencia cuando muchas familias apenas están comenzando a reconstruir sus viviendas, recuperar sus medios de vida y reorganizar su vida familiar y comunitaria.
¿Cuáles son los principales vacíos que están encontrando en los territorios?
Hay varios, pero me gustaría destacar tres. El primero sigue siendo la vivieda segura. En una de nuestras últimas visitas a las zonas afectadas, por ejemplo, de 234 personas afectadas cuyas casas habían sido clasificadas como no habitables o destruidas, 86 continuaban residiendo en ellas porque no tenían otra alternativa. Un segundo vacío tiene que ver con el acceso efectivo a los mecanismos institucionales de recuperación. Hemos encontrado viviendas sin evaluación técnica oficial y familias que señalan inconsistencias en las valoraciones recibidas. Esto es muy importante porque una dificultad administrativa puede terminar convirtiéndose en una barrera para acceder posteriormente a ayudas o programas de recuperación. Y el tercer vacío es de tipo territorial. Las ayudas no están llegando de la misma manera a todas partes. Las comunidades rurales, indígenas, afrodescendientes, dispersas o de difícil acceso enfrentan mayores barreras.
Precisamente ustedes están visitando comunidades indígenas en el Cauca. ¿Qué les está permitiendo comprender esa presencia en el territorio?
Las visitas de la semana pasada a algunas comunidades indígenas del Cauca nos está recordando que una emergencia nacional no produce los mismos efectos en todas las poblaciones. Las vulnerabilidades anteriores al terremoto importan mucho. No es lo mismo enfrentar la pérdida de una vivienda en una ciudad con oferta de arrendamiento, transporte y servicios relativamente próximos, que hacerlo en una comunidad rural o indígena donde las familias están dispersas y donde existen mayores dificultades de acceso. La visita a las comunidades indígenas del Cauca también nos obliga a escuchar antes de diseñar las respuestas. La recuperación no puede reducirse a llevar desde Bogotá una solución estandarizada. Hay que comprender cómo se habita el territorio, cuáles son las formas de organización comunitaria, qué materiales y conocimientos existen localmente y qué significa para una comunidad reconstruir. Esa escucha es particularmente importante para la Cáritas Colombiana porque queremos que las comunidades sean protagonistas de su recuperación y no solamente receptoras de asistencia.
¿Qué papel están desempeñando concretamente las diócesis en esta respuesta?
Este es quizás uno de los aspectos que más quisiera destacar. Como Secretariado Nacional de Pastoral Social no llegamos a territorios vacíos, llegamos a lugares donde están presentes las diócesis, las parroquias, los equipos de Pastoral Social, obispos, sacerdotes, religiosas, agentes pastorales y comunidades que conocen a las familias y han desplegado una serie de ayudas multiformes que todavía hoy no hemos podido medir con exactitud. Nuestra tarea desde la capital es articular esa presencia territorial con capacidades técnicas, cooperación internacional y recursos humanitarios. Hoy tenemos cinco proyectos en implementación y cuatro en formulación, con presencia prevista en 13 jurisdicciones eclesiásticas. Hay intervenciones en alojamiento, agua, saneamiento e higiene, protección y, progresivamente, recuperación temprana. Esta complementariedad es importante: las diócesis aportan cercanía y conocimiento del territorio, nuestros equipos técnicos ofrecen metodologías y estándares humanitarios y la red nacional e internacional de Cáritas nos permite movilizar solidaridad y recursos.
¿Cuál es el desafío de la reconstrucción?
El gran desafío es no reconstruir las vulnerabilidades que existían antes del terremoto. Las evaluaciones técnicas nos muestran que parte de los daños están relacionados también con vulnerabilidades constructivas previas, limitaciones económicas y falta de asistencia técnica. Algunas familias ya han comenzado a reconstruir sus casas con sus propios recursos y existe el riesgo de que, por necesidad, vuelvan a utilizar soluciones que las dejen expuestas frente a futuros eventos. Por eso necesitamos una recuperación que combine recursos económicos, acompañamiento técnico y participación comunitaria. Y tenemos otro desafío: los precios de materiales, mano de obra y arrendamientos han aumentado en algunos lugares, mientras que la oferta de vivienda es limitada. Recuperarse, por tanto, resulta cada vez más costoso para las familias y también para las organizaciones que las acompañamos.
Colombia ha recibido solidaridad internacional. ¿Por qué siguen siendo necesarios más recursos?
Porque ahora entramos precisamente en la fase que requiere mayor continuidad. Entregar alimentos, agua o elementos básicos es indispensable durante la emergencia, pero reparar viviendas, reconstruirlas, acompañar a las familias o recuperar sus condiciones de vida requiere más tiempo y más recursos. Tenemos un Llamamiento de Emergencia de Cáritas Internationalis que continúa en fase de movilización de recursos, precisamente para fortalecer la recuperación temprana y especialmente las soluciones de vivienda y reconstrucción. Y somos conscientes de que Colombia está solicitando solidaridad en un momento en que existen numerosas crisis humanitarias en el mundo. Por eso nuestro compromiso también tiene que ser muy serio: mostrar con transparencia dónde están las necesidades, priorizar a quienes tienen menor cobertura y garantizar que los recursos lleguen allí donde realmente pueden producir una recuperación sostenible.
En un país que además vive conflicto armado, pobreza y profundas desigualdades territoriales, ¿qué ha revelado este terremoto?
Ha revelado que los desastres no ocurren sobre una página en blanco. Un terremoto puede afectar una región, pero sus consecuencias son mucho más graves cuando encuentra familias que ya vivían con vivienda precaria, pobreza, aislamiento geográfico o una presencia institucional limitada. Esto nos obliga a ampliar la mirada. Por eso, la recuperación debe procurar que las familias no regresen simplemente a la situación que tenían el día anterior al sismo, sino que puedan hacerlo en condiciones más seguras y dignas.
Finalmente, ¿qué significa para Cáritas “llegar hasta el último rincón” en esta etapa?
Significa que nuestra medida de éxito no puede ser solamente el número total de ayudas entregadas. Tenemos que preguntarnos quién falta, dónde están las comunidades que todavía tienen menor cobertura y qué familias corren el riesgo de quedar invisibilizadas cuando la emergencia deje de ocupar titulares. Pero para la Cáritas Colombiana hay también una razón profundamente evangélica: creemos que cada persona tiene una dignidad que no depende de dónde viva ni de cuán visible sea su sufrimiento. Jesús nos enseña a mirar especialmente a quienes quedan al margen del camino. Por eso, llegar hasta el último rincón no es solamente un desafío logístico, es una manera concreta de vivir nuestra fe y de hacer presente una Iglesia que permanece cerca, también cuando las cámaras se han ido y comienza la etapa más larga y difícil de la recuperación.
Fuente: Vatican News

