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Cuaresma Bautismal 2026

La Cuaresma Bautismal 2026 - Mensaje del Arzobispo de Cali

“La observación anual de la cuaresma es un tiempo favorable por el cual se asciende al monte santo de la pascua. El tiempo de cuaresma, en efecto, con su doble carácter, prepara tanto a los catecúmenos como a los fieles para celebrar el misterio pascual”, se dice en el Ceremonial de los obispos, n. 249.

En la feliz coincidencia que nos regala la Iglesia con el ciclo A de la liturgia de este año, podemos constatar que la cuaresma está enmarcada en un itinerario bautismal especial.

“En cuaresma, con sucesivas celebraciones (elección, escrutinios, entregas del símbolo y de la oración dominical), los catecúmenos recorren el tiempo de la purificación y de la iluminación, que los lleva a los sacramentos pascuales (itinerario bautismal). La Iglesia vive el tiempo de renovación como purificación del pecado con todos los penitentes, que después del bautismo sienten la necesidad de reconciliarse con Dios y con los hombres” (LECTIO DIVINA para cada día del año. Ed. Verbo Divino, vol. 3, 1999. Pg. 13).

En la arquidiócesis estamos comprometidos en este año en profundizar en los elementos esenciales del bautismo, para que los cristianos seamos verdaderamente sal y luz, fermento de vida nueva en el mundo.

Las ayudas cuaresmales son propicias para alcanzar este propósito: la escucha de la Palabra de Dios, la oración, el ayuno, la penitencia y la solidaridad, vividas desde el corazón, nos ayudan a entender no solo lo que es el bautismo como don de Dios, sino todo lo que implica el haberlo recibido, para así tomar conciencia de sus efectos en la vida de cada uno.

La pedagogía de la Iglesia, madre y maestra, es sublime. Y a nosotros presbíteros nos corresponde hacer posible que los mensajes propuestos en los cinco domingos de este tiempo cuaresmal sean entendidos y vividos, como un auténtico itinerario bautismal.

El primer domingo nos exhortará a tomar conciencia de nuestra fragilidad y consecuencialmente a dar el paso a la reconciliación. La tentación fue vencida por el nuevo Adán, Cristo Jesús.
En el segundo domingo, Jesús transfigurado, nos muestra el efecto de la reconciliación, la vida nueva, y de cómo es muy importante que entendamos que, para alcanzar la meta de la salvación, tenemos que asumir alegres la cruz. Se nos recordará, con la imagen de Abraham, que el bautismo es el sacramento de la fe y de la filiación divina.

En el tercer domingo la figura de la Samaritana y el pozo nos animará a buscar el agua que salva, un agua capaz de extinguir toda sed. Es la llamada a acoger con ánimo renovado el don del Espíritu Santo, que nos hace partícipes de la dignidad de hijos de Dios. Se entrega el credo.

El cuarto domingo es el domingo del ciego de nacimiento. En el bautismo somos liberados de las tinieblas e iluminados por la fuerza de Dios. Se celebra el segundo escrutinio.

El quinto domingo nos recuerda la resurrección de Lázaro. En el bautismo el hombre pasa de la muerte a la vida. Se celebra el tercer escrutinio y se entrega el Padrenuestro.

Este itinerario en orden a recibir el bautismo en los catecúmenos, es una magnífica ruta para que los bautizados renovemos los compromisos del bautismo oficialmente en la noche santa de la pascua.
No se puede desligar la cuaresma de la pascua. La primera esta íntimamente ligada a la pascua. Es un tiempo especial para “cambiar, abandonar nuestros caminos, y caminar por los caminos de Dios, y así entrar en la dinámica de una historia de salvación” (ibid), en la cual Dios se hace el encontradizo con nosotros.
Qué bueno fuera que los fieles que nos acompañen este año vivan intensamente la pascua con el compromiso de anunciar a los demás “lo que han visto y oído”.

En el contexto de una Iglesia arquidiocesana en misión, pido que el Triduo pascual 2026 sea una ocasión para animar a los fieles en general a la conversión personal y comunitaria, a fortalecer los vínculos eclesiales, a ser artesanos de esperanza en nuestro territorio, y a tomar en serio la vivencia del sacerdocio común que recibieron en el bautismo.

Invito a vivir la gran vigilia pascual como envío misionero y comenzar a preparar la misión puerta a puerta, casa a casa. Todos, colmados de alegría, deben salir a anunciar la victoria del Señor en nuestras vidas. Aprovecho para pedir también que tratemos de recuperar el auténtico sentido de la octava de pascua, prolongación de la solemnidad de la resurrección del Señor.

De pronto algunas tradiciones, como la que tiene el municipio de Yumbo con la procesión del Resucitado y la Virgen de la Alegría en el domingo de pascua, reflejan el sentido más profundo de lo que es la pascua. Alegres anunciamos que hemos visto a Jesús, como las mujeres, vivo en medio de todos. Y lo está. Y no nos abandona. Él que es nuestra esperanza, sigue pronunciando su saludo como Resucitado “La paz esté con ustedes”.

En síntesis, que este año muchos tomen conciencia de que el bautismo es más que un rito. Es un don, un milagro de Dios con el cual participamos de su muerte y resurrección para ser testigos del amor que nos tiene el Padre del cielo, que nos envió a su Hijo para rescatarnos de la muerte eterna.
Que en los retiros espirituales que se hagan en las comunidades y grupos, se aproveche para compartir con los fieles esta reflexión y caminemos juntos en la renovación del bautismo en nuestra iglesia particular de Cali.

A los muy queridos presbíteros, diáconos y servidores laicos, religiosos y religiosas, les deseo un tiempo cuaresmal vivido espiritualmente. Aprovéchenlo con fervor.
Con mi bendición de padre y pastor.

+Luis Fernando Rodríguez Velásquez
Arzobispo de Cali

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