El Papa León XIV puso en valor este viernes la “raíz popular” que está detrás de la Doctrina Social de la Iglesia, en referencia a la contribución que han hecho los laicos y religiosos que se atrevieron a “salir de los caminos ya recorridos”.
“El aporte de la Doctrina Social de la Iglesia tiene en sí esta raíz popular que no debe olvidarse: sería inimaginable su relectura de la Revelación cristiana en las modernas circunstancias sociales, laborales, económicas y culturales sin los laicos cristianos enfrentando los desafíos de su tiempo”, afirmó el Santo Padre que recibió este 18 de septiembre, en la Sala del Consistorio, a unos 50 miembros del Centro Internacional de Estudios Papa León XIV.
Se trata de una entidad de investigación, formación y producción cultural nacida en octubre de 2025 en el seno de la Orden de San Agustín y dedicada al estudio de la figura y del magisterio del Pontífice.
Junto a los laicos, añadió, han trabajado generaciones de religiosas y religiosos, “testigos de una Iglesia que se ha atrevido a salir de los caminos ya recorridos”.
Citando la exhortación apostólica Dilexi te, sostuvo que “el cambio de época que estamos afrontando hace hoy aún más necesaria la interacción continua entre bautizados y Magisterio, entre ciudadanos y expertos, entre pueblo e instituciones”.
Durante la audiencia, el Papa alentó a los integrantes de la institución a trabajar por una formación orientada al compromiso público y al servicio de la sociedad.
“Vuestra misión de esperanza consista en promover, en Italia y en el mundo, una formación para la vida pública y política entendida como servicio al bien común”, exhortó.
Constituido como entidad del Tercer Sector en diciembre de 2025, el Centro surge con el propósito de fomentar la reflexión sobre la Doctrina Social de la Iglesia y su aplicación a los desafíos contemporáneos.
Una civilización del amor
León XIV expresó su aprecio por esta iniciativa de la Orden de San Agustín, destacando la importancia de “la actitud de reflexión y pensamiento crítico en la construcción de una civilización del amor, al servicio de la cual la Doctrina Social de la Iglesia tiene mucho que ofrecer”.
El Pontífice valoró asimismo la vocación de diálogo del Centro con universidades, instituciones académicas, organismos públicos, organizaciones de la sociedad civil, realidades eclesiales y redes asociativas, con el fin de promover espacios de cooperación e intercambio tanto a nivel nacional como internacional.
En este contexto, destacó la colaboración con la Facultad Teológica de Italia Central y con el Pontificio Instituto Patrístico Augustinianum. “El secreto está en caminar juntos siempre, sin cerrarse al encuentro incluso con quienes son diferentes y parecen pensar, hablar o actuar de otra manera”, afirmó.
Un humanismo abierto y constructor de paz
León XIV también subrayó el valor simbólico de Florencia como sede del nuevo Centro de Estudios. La elección de la ciudad, explicó, constituye “una invitación a dejarse inspirar por los valores del Humanismo, una visión abierta al Creador y, precisamente por ello, constructora de relaciones fraternas”.
En ese sentido, insistió en que son la paz y el diálogo, y no los conflictos, los que permiten edificar una auténtica civilización.
“No son las guerras, sino el tejido de la paz y de justos equilibrios lo que produce civilización, con la participación activa de todos los componentes sociales y culturales de una sociedad abierta”, señaló.
Formación política contra la resignación
León XIV expresó su deseo de que el Centro contribuya a impulsar este diálogo y a formar nuevas generaciones comprometidas con la vida pública.
“Que vuestro Centro de Estudios favorezca este ejercicio, que necesita pioneros y facilitadores, especialmente cuando corren el riesgo de prevalecer formas de desconfianza y resignación”, indicó.
En un contexto marcado por la incertidumbre y la polarización, el Pontífice invitó a avanzar contracorriente una “misión de esperanza”, que consiste “en promover, en Italia y en el mundo, una formación para la vida pública y política entendida como servicio al bien común, responsabilidad hacia la comunidad y construcción de relaciones fundadas en la solidaridad, la justicia y la paz”.
San Agustín y el amor como motor de renovación
En la parte final de su discurso, León XIV destacó la actualidad del pensamiento agustiniano para afrontar los retos del mundo contemporáneo.
Según explicó, la tradición de San Agustín tiene “mucho que ofrecer en el horizonte internacional actual para una comprensión del amor como principio de renovación de la vida personal, económica y política”.
“El amor vincula para liberar, une para generar y compromete para construir”, afirmó.
El Pontífice evocó también lo expresado en su encíclica Magnifica humanitas, recordando que “nosotros contemplamos la historia a la luz del Crucificado Resucitado” y que los cristianos están llamados a interpretar el presente no como un destino cerrado, sino como una oportunidad de conversión personal y colectiva.
Finalmente, animó a los miembros del Centro a convertirse en testigos de la acción silenciosa de Dios en la historia: “Sí, sed expertos en las novedades de Dios: no aquellas que deslumbran por su velocidad y eficacia, sino las que Él realiza silenciosamente, liberando al viejo mundo de sus callejones sin salida e inaugurando senderos por los que podamos avanzar juntos hacia su ciudad”.
Fuente: Aciprensa


