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La Iglesia de Cali fortalece su presencia pastoral y social ante los desafíos de la emergencia

En la Pontificia Universidad Javeriana de Cali se realizó una Reunión Extraordinaria del Clero, presidida por el Arzobispo de Cali, en la que sacerdotes, diáconos y religiosos reflexionaron sobre el acompañamiento a las comunidades afectadas por el terremoto del pasado 10 de agosto.

La Iglesia que peregrina en Cali continúa acompañando a las comunidades afectadas por el terremoto del pasado 10 de agosto. Como parte de esta respuesta, se llevó a cabo una Reunión Extraordinaria del Clero en la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, espacio que congregó a sacerdotes diocesanos y religiosos, así como a diáconos de la Arquidiócesis de Cali.

El encuentro fue presidido por monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez, Arzobispo de Cali, acompañado por los obispos auxiliares, y contó con la presencia de monseñor Germán Humberto Barbosa Mora, Obispo Auxiliar de Bogotá, junto con una delegación de sacerdotes de esa Arquidiócesis que durante estos días ha acompañado pastoralmente a distintas comunidades afectadas por la emergencia. Esta misión hace parte de la respuesta de la Iglesia colombiana, que ha buscado estar cerca de las personas desde la escucha, la oración, la celebración de los sacramentos y el acompañamiento espiritual.

Cuidar a quienes cuidan

 Uno de los momentos centrales de la jornada fue la conferencia “Cuidar al que cuida”, orientada por la psicóloga Ayda Cristina Rivas, de la Pontificia Universidad Javeriana, quien abordó los desafíos emocionales y de salud mental que enfrentan quienes acompañan situaciones de crisis y dolor.

La reflexión permitió reconocer que el cuidado no corresponde únicamente a profesionales de la salud. También involucra a las familias, a quienes trabajan con poblaciones vulnerables y, de manera particular, a los sacerdotes, religiosos y agentes pastorales que permanecen junto a las comunidades en momentos de sufrimiento.

Durante el encuentro se destacó que el cuidador es aquella persona que, desde una relación de responsabilidad, servicio y vínculo, acompaña a quien necesita apoyo, procurando atender sus necesidades físicas, emocionales, sociales y espirituales, y protegiendo su dignidad.

En este sentido, monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez recordó que “de una u otra manera nosotros cuidamos”, al tiempo que llamó la atención sobre los riesgos que pueden experimentar quienes acompañan de manera permanente el dolor humano, entre ellos el estrés crónico y el desgaste emocional.

La reflexión adquiere especial relevancia después de una emergencia que ha exigido una respuesta cercana y permanente de sacerdotes y comunidades. Para la Arquidiócesis, cuidar a quienes cuidan también hace parte de la responsabilidad pastoral de la Iglesia.

Una Iglesia presente en medio del dolor

 La jornada permitió también escuchar el testimonio de monseñor Germán Barbosa Mora sobre la misión desarrollada por sacerdotes de la Arquidiócesis de Bogotá en diferentes territorios afectados.

Al referirse a los lugares visitados, el Obispo Auxiliar de Bogotá describió el impacto de encontrarse con comunidades marcadas por la pérdida y la destrucción. “No solamente es cemento y cables, son vidas humanas, son historias”, expresó, destacando la importancia de una presencia pastoral que permita acompañar, escuchar y orar junto a quienes atraviesan el dolor.

Su experiencia también puso de relieve el valor de la comunión entre Iglesias particulares. La presencia de sacerdotes de Bogotá en Cali permitió fortalecer el acompañamiento a comunidades parroquiales y compartir con el clero local las experiencias vividas durante la emergencia.

Para monseñor Barbosa, esta realidad representa también un desafío para la Iglesia: “Es ahora cuando podemos estar”, afirmó, invitando a que este tiempo sea una oportunidad para hacer más visible y creíble la presencia de la Iglesia junto a quienes sufren.

Y ante la magnitud de la reconstrucción que afrontará la ciudad, recordó una perspectiva fundamental: “No olvidar la dimensión pascual”. La recuperación, señaló, llevará tiempo, pero la fe, la resiliencia y la bondad de las personas pueden abrir caminos hacia la reconstrucción y la esperanza.

La solidaridad que se convierte en acción

 La Reunión Extraordinaria del Clero también permitió conocer el trabajo que vienen desarrollando la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Cali y el Banco de Alimentos Cali como parte de la respuesta humanitaria.

El Banco de Alimentos presentó un balance de las acciones realizadas durante la emergencia, que incluyen la distribución de alimentos y ayudas a parroquias, hospitales, fundaciones, colegios y comunidades afectadas, así como el despliegue de caravanas solidarias hacia distintos municipios del Valle del Cauca.

De acuerdo con el informe presentado, durante estos días se han movilizado cientos de toneladas de alimentos, gracias a la articulación con otros bancos de alimentos, empresas, organizaciones, parroquias, donantes y personas particulares.

Las parroquias de la Arquidiócesis también han asumido un papel activo en esta respuesta, promoviendo la recolección de alimentos y canalizando las necesidades de sus comunidades hacia el Banco de Alimentos.

Esta articulación refleja una Iglesia que no limita su acción a la asistencia espiritual, sino que busca responder integralmente a las necesidades de las personas. La acción pastoral y la acción social se encuentran así en un mismo propósito: acompañar, servir y contribuir a la recuperación de las comunidades.

Una Iglesia que acompaña y reconstruye esperanza

 La jornada concluyó con un llamado a mantener la unidad y fortalecer la presencia de la Iglesia en Cali y en los territorios afectados del departamento.

La emergencia ha dejado profundas heridas materiales y humanas. Sin embargo, también ha puesto de manifiesto la capacidad de las comunidades para organizarse, compartir y acompañarse mutuamente.

Desde la Arquidiócesis de Cali, el desafío continúa siendo caminar junto a las personas, especialmente junto a quienes más sufren, fortaleciendo la presencia pastoral, la acción social y la comunión con otras Iglesias y organizaciones.

Como lo expresó monseñor Barbosa, “con la resiliencia, con la bondad de todos, y con la fe y la gracia de Dios, nos podremos rehacer”.

En medio de la emergencia, la Iglesia reafirma así su compromiso de permanecer cercana a las comunidades: una Iglesia que escucha, que ora, que sirve y que acompaña; una Iglesia que, en medio del dolor, trabaja para mantener viva la esperanza.

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