León XIV lamentó que la oración se esté perdiendo en las familias cristianas y que muchos la vean como algo “inútil” por lo que llamó a redescubrirla “en su verdad”.
“Incluso en muchas familias cristianas ya no se transmite la oración, mientras que numerosas personas corren el riesgo de confundirla con una técnica más, de naturaleza psicológica y orientada al bienestar personal”, constató el Papa durante la Audiencia General de este miércoles.
El Pontífice, que suspendió su agenda durante el mes de julio por la pausa estival, retomó este miércoles esta cita pública pero, debido a las altas temperaturas del verano romano, se desarrolló en el interior de la Basílica de San Pedro.
El Papa centró su reflexión — como parte del programa de las catequesis previo a sus vacaciones— en la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium. En concreto, en la dimensión eclesial de la oración litúrgica.
En este contexto, lamentó que, en una sociedad “dominada por una mentalidad centrada en la eficiencia y en el consumismo”, la oración pueda llegar a percibirse como algo “inútil e irrisorio”.
“En un mundo donde la ciencia y la técnica pretenden dar todas las respuestas, rezar puede parecer una forma de evasión”, aseguró.
“La oración, en cambio, en cuanto dimensión fundamental de nuestra humanidad, merece volver a ser descubierta en su verdad”, afirmó.
León XIV subrayó que la Constitución Sacrosanctum Concilium tomó en serio esta necesidad.
En este sentido, recordó unas palabras pronunciadas por San Pablo VI en la Basílica de San Pedro, el 4 de diciembre de 1963, al promulgar el primer documento aprobado por el Concilio Vaticano II: “Dios en el primer puesto; la oración, nuestra primera obligación; la liturgia, la primera fuente de la vida divina que se nos comunica, la primera escuela de nuestra vida espiritual”.
Según explicó el Papa, en esta Constitución el término “oración” designa el conjunto de la liturgia.
Se trata de una perspectiva “decisiva” porque orientó la reforma litúrgica al situar en el centro la participación activa de los fieles.
La liturgia se presenta, explicó, como el lugar del “encuentro” y de la iniciativa de Dios, que se acerca a la humanidad en su Hijo, “el Verbo hecho carne, ungido por el Espíritu Santo”.
A esta iniciativa divina, los fieles pueden responder “por Cristo, con Cristo y en Cristo, en la unidad del Espíritu Santo” es decir, mediante “la oración de Cristo, con su Cuerpo, al Padre”, dijo citando la Constitución conciliar.
La importancia de la Liturgia de las Horas
Por ello, recordó que San Pablo VI deseaba ardientemente que la Liturgia de las Horas, la oración pública cotidiana de la Iglesia e inseparable de la Eucaristía, impregnara, reavivara, guiara y expresara toda la oración cristiana, alimentando eficazmente la vida espiritual del pueblo de Dios.
El Pontífice añadió que, para que este deseo se haga realidad, la Liturgia de las Horas debe ser acogida y vivida cada vez más en la vida cotidiana de los bautizados y de las comunidades.
“La Liturgia de las Horas santifica el tiempo de nuestra vida cotidiana: por la mañana, empezamos el día con alegría y gratitud; a mediodía, pedimos la fuerza de la fidelidad en medio de la fatiga; por la tarde, una vez terminado el trabajo, las Vísperas acompañan en momento del atardecer; por la noche, nos dormimos encomendándonos a la paz de Dios”, observó.
Además, destacó que puede convertirse en una auténtica escuela de oración para quienes desean aprender a rezar, especialmente los catecúmenos.
“A tantas personas que quieren aprender a rezar, en particular, a los catecúmenos, les puede ofrecer el camino y la escuela de la oración cristiana”, indicó finalmente.
Fuente: Aciprensa



