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El Papa León XIV consagra su pontificado a la Virgen de Montserrat: “Que María nos oriente siempre hacia Jesús”

La silueta escarpada de Montserrat fue uno de los primeros símbolos de Cataluña que pudo ver el Papa León XIV a vista de pájaro desde el avión que lo trajo a la ciudad condal desde Madrid.

El Papa se trasladó en coche hasta esta zona montañosa (llamada “monte serrado” en catalán) donde está la abadía benedictina, con una altura máxima de 1.236 metros que se alza bruscamente al oeste del río Llobregat.

Pero antes, el Pontífice se desvió de su camino de 40 kilómetros desde Barcelona para hacer una pequeña parada en la cárcel de Brians: un lugar empapado de dolor donde la vida de los reclusos tiene algo de consuelo gracias al capellán del centro, el P. Jesús Bel, coordinador de la Pastoral Penitenciaria del Obispado de Sant Feliu de Llobregat y sacerdote mercedario que desde hace 40 años se dedica al acompañamiento de las personas privadas de libertad.

Como ya hizo durante su viaje a Guinea Ecuatorial, el Papa se hizo cargo del sufrimiento que cargan los presos. 

Allí pudo escuchar — directamente de boca de dos de las internas, Montserrat y Josefina— la importancia de tener un asidero como la fe en Cristo cuando la vida muestra su faceta más áspera.  Su testimonio conmovió al Papa.

“Aquí en prisión no estoy sola, Jesús me da fuerza, me da vida. Lo noto dentro de mí, si no, no sé cómo hubiera aguantado esto”, le dijo la segunda de ellas.  

Tras sus palabras, el silencio se hizo denso. Entonces el Papa intervino con una reflexión que resonó entre los presentes: “Los errores de la vida no determinan la identidad de una persona”.

“¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor!

El Pontífice evocó a San Agustín para subrayar que el pasado no encadena el futuro y añadió: “¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor! El Señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo, pues ser humano y ser cristiano no consiste en no equivocarse sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y de perdonar”.

El encuentro, aunque breve —apenas veinte minutos—, marcó el tono del resto del día: la misericordia de Dios que abraza hasta los corazones más oscuros.

La subida a Montserrat

Tras la visita a la prisión, el Pontífice se dirigió a la abadía de Montserrat, incrustada entre gigantes rocosas de apariencia casi escultórica de animales o cosas. El monasterio exuda paz dentro y fuera de sus muros milenarios. 

En el año 1025, el abad Oliva, que era el superior del monasterio de Ripoll, fundó uno más pequeño en la montaña de Montserrat, en el lugar en el que ya existía una pequeña ermita dedicada a la Virgen.

Según la tradición, la primera imagen de la Virgen (en catalán, La Mare de Déu de Montserrat) fue encontrada en el año 880 por unos niños que cuidaban un rebaño en el interior de una cueva, tras haber visto una luz en la montaña. 

Cuando el obispo supo del hallazgo, intentó trasladar la pequeña estatua a Manresa, pero le resultó imposible porque la imagen se volvió demasiado pesada. Un signo del deseo de la Virgen de permanecer en ese lugar, pensó el obispo, que ordenó construir allí el santuario.

A los pies de Montserrat, tras el rezo del Rosario, el Papa elevó su plegaria: “Supliquémosle que nos ayude a revestirnos únicamente con las armas de Dios”.

“Consideremos también cómo la Virgen, en su mano derecha, sostiene la esfera del mundo, signo de su cuidado materno, porque el mundo entero tiene cabida en su corazón. Ella nos invita a reconocernos hermanos y hermanas, donde nadie quede excluido y donde la comunión sea más fuerte que toda división”, añadió. 

La imagen de María actualmente venerada es una escultura románica de madera del siglo XII. Mide aproximadamente 95 centímetros de altura y representa a la Bienaventurada Virgen María con el Niño Jesús. 

Excepto los rostros y las manos, la imagen está recubierta de oro, mientras que la Virgen tiene la tez de color oscuro, lo que le ha valido el sobrenombre popular de “la Moreneta”. El Papa Francisco ofreció en 2023 la Rosa de Oro a esta venerada imagen.

A ella se rindió, por ejemplo, San Ignacio de Loyola, una de las conversiones más arraigadas en la tradición cristiana: “Después de una noche en oración ante la Virgen, entregó sus armas de caballero, momento que marcó el inicio de una vida nueva al servicio de Jesucristo”, recordó el Papa León XIV.

Durante cientos de años, los fieles, sin distinción, han pasado por este Santuario desgranando las cuentas del rosario, porque María, Mare de Déu, tal y como dijo el Papa “es fundamental en la vida de todo cristiano”.

“Estoy contento de poder venir a los pies de la Moreneta para encomendarle, lleno de confianza en su intercesión maternal, mi servicio petrino y la misión de la Iglesia en el mundo que clama pidiendo justicia y paz”, afirmó el Papa.  

“Os invito a acoger hoy la invitación de María: ‘Haced lo que Él os diga’. Estas palabras pronunciadas en Caná de Galilea contienen un verdadero programa de vida cristiana, porque María nos conduce hacia Cristo y nos enseña a escuchar su voz, obedecer su palabra y permitir que Él nos transforme”, agregó.

El Pontífice también dejó claro el mensaje que Dios trajo al mundo cuando se hizo hombre: “​​Jesús nos muestra el camino de la misericordia, la reconciliación, la verdad y la mansedumbre. Al mismo tiempo, desenmascara la violencia que puede esconderse en nuestras palabras y actitudes: la crítica que humilla, la condena que destruye y la agresividad que divide”. 

Esa violencia escondida, continuó, “puede revestirse muchas veces de aparentes armaduras con las que intentamos proteger nuestras heridas, nuestros miedos o el sufrimiento causado por las injusticias”. 

A lo largo de los siglos, Montserrat creció como crecen las cosas vivas: con cicatrices y memoria. No siempre fue un lugar de paz. Fue saqueado, destruido, abandonado. Pero siempre volvió a levantarse, como si la montaña misma lo sostuviera.

León XIV terminó su discurso pidiendo “que María, Madre de la Iglesia, nos oriente siempre hacia Jesús. Os invito a honrarla con estas palabras:

“De los catalanes siempre seréis la Princesa, de los españoles y del mundo todo el amor; decidnos: “Sois mi tesoro, yo soy vuestra madre, no temáis”. 

En el claustro de la abadía había cientos de personas que esperaban con ilusión al Papa. Entre ellos Miguel, un niño de mirada bondadosa que escribió una carta con la esperanza de poder dársela al Pontífice en mano.

“La quiso escribir en italiano, aunque el Papa -como sabemos- habla perfectamente español”, aseguró su padre, también de nombre Miguel. En la misiva no le pide nada para él o su familia. “Me gustaría que bendijese a toda Ucrania”, aseguró este niño de 9 años, apasionado de la lectura que tiene actualmente en su mesilla de noche el más grande de todos los libros. “Me estoy leyendo la Biblia. Me gusta todo de ella”, comentó. 

“Cataluña sin la Moreneta no sería nada”

También esperaban al Papa dos monjas de la Congregación Hermanitas de los Pobres, Sor Ángeles Piqué, de un pueblecito de Lleida, y Sor Doraliza, originaria de Cajamarca del Perú. “Necesitamos que el Papa nos traiga el mensaje de Cristo: la unión, la fraternidad y que vengamos a la Virgen como referencia”.

Ella pone rostro a la difundida devoción que existe en esta región española hacia la Virgen de Monserrat. “Cataluña sin la Moreneta no sería nada”, aseveró. 

“La Virgen de Montserrat es una gracia muy especial. Es el santuario de la Virgen y aquí acudimos todos sus hijos a pedirle protección y que nos ampare bajo su manto”, aseguró a su lado la otra consagrada.

Fuente: Aci Prensa

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