Por: Talleres de Oración y Vida
Su Santidad, el papa León XIV ha comunicado a la Iglesia la promulgación del Decreto 10 de enero emitido por la penitencia apostólica, en conmemoración de los 800 años de la pascua de san Francisco de Asís.
Todos los templos y oratorios de la familia franciscana serán templos jubilares.
Historia
Francisco se dedicó a dar limosna a los necesitados y la prueba grande, dar la vida por los amigos, es la prueba más encumbrada del amor por el prójimo. Francisco se sumergió en el abismo de la mendicidad, experimentando durante un día el papel de pordiosero y el misterio de la gratuidad.
El Padre Dios depositó en manos de san Francisco una misión: “Reconstruye mi Iglesia”.
El hermano Asís se encontró con una humilde capilla, entró en la ermita dedicada a san Damián y en sus muros se veían varias hendiduras que ponían en peligro la estabilidad de la estructura, se arrodilló ante un crucifijo bizantino, este no expresaba dolor ni causaba pena y sintió una combinación de dulzura y majestad que lo invadía. La imagen del crucifijo penetró en el alma de Francisco como una centella y se grabó a fuego en su espíritu, la devoción franciscana encontró aquí su fisonomía original.
Francisco, elevados y fijos los ojos en la majestad del Cristo bizantino decía así: ¡Glorioso y gran Dios, mi Señor Jesucristo! Tú que eres la claridad del mundo, pon claridad, te suplico, en los abismos oscuros de mi espíritu.
Dame tres regalos: la fe, firme como una espada; la esperanza, ancha como el mundo; el amor, profundo como el mar. Además, mi querido Señor te pido un favor más: que todas las mañanas, al rayar el alba, amanezca como el sol ante mi vista tu santísima voluntad para que yo camine siempre en su luz, y ten piedad de mí, Jesús.
De repente, se escuchó una voz que al parecer procedía del Cristo: Francisco, ¿no ves que mi casa amenaza ruina? Corre y trata de repararla. A la misión Francisco contestó “Con mucho gusto lo haré, mi Señor”.
Francisco creyó que era reconstruir la ermita, al momento de hablar con el capellán y ofrecerle una bolsa de monedas, él rehúsa recibirla, porque él sabía que Francisco era hijo de un rico y violento mercader. A partir de allí la historia de Francisco se divide.
Asistiremos a dos despedidas: aquí muere el hijo de Bernardone y nace san Francisco de Asís. Francisco se despidió del dinero, donde está el dinero no hay lugar para Dios, donde hay dinero no hay amor, el dinero corrompe los sentimientos, prostituye los afectos, divide los corazones y disocia las familias. Enemigo de Dios y enemigo del hombre.
La revelación
Un día, el hermano llegó hasta el monasterio benedictino del Subasio. Dijo a los monjes: ya está restaurada la ermita y será conveniente celebrar una eucaristía para instaurar de nuevo el culto divino.
Al día siguiente, el hermano con suma devoción y prolijidad preparó lo necesario para la misa.
Comenzó la misa, cada oración, cada lectura el hermano la acogía cuidadosamente en el cofre de su corazón. Llegó el momento del Evangelio, el decía así:
Vayan y prediquen por todo el mundo. No lleven dinero alguno en sus bolsillos. Tampoco lleven bolsa de provisiones, les basta solo una camisa. No necesitan zapatos ni bastón. Vivan del trabajo de sus manos. Al llegar a un poblado pregunten por una familia honorable y alójense allí. Siempre que entren en una casa digan: Paz en esta casa. Sean ingenuos como palomas y perspicaces como serpientes.
Si en alguna parte son rechazados, vayan a otra parte sin protestar. Hay muchos lobos por allí, entre ellos ustedes son corderitos recentales. Posiblemente, los arrastrarán a los tribunales civiles; el Padre colocará en tu boca precisos argumentos de defensa. No tengan miedo. Yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo.
El hermano quedó impresionadísimo, parecía como si las palabras muertas, oídas tantas veces, de improvisto recuperaran vida y resucitaran muertos
De repente, el evangelio descorría las cortinas y aparecía en sus ojos un horizonte interminable lleno de claridad.
Francisco se puso de pie y con voz conmovida exclamó palpando sombras: buscaba y buscaba ardientemente la voluntad del Dios y por fin la encontré ¡Gloria al Señor! El horizonte está abierto, la ruta trazada. Es obra de mi señor Jesucristo. Recorreré este camino evangélico, aunque haya espina entre flores hasta tocar el extremo del mundo, y en este camino se apagará mi cirio. En esa misma escena comienza el culto del hermano a nuestra señora la pobreza.
Para los Talleres de Oración y Vida es una gran alegría, pues esta obra nació con el carisma de San Francisco de Asís, enseñamos al pueblo de Dios a relacionarse con Dios de una manera progresiva profunda, desde los primeros pasos de la oración hasta la contemplación transformante. Somos ante todo una escuela de oración.
Fuentes: Libro El Hermano de Asís – Ignacio Larrañaga.
María Inés Rojas, Revista Memorándum (1997).



