Homilía Misa Crismal 2026: mensaje del arzobispo sobre el Bautismo y la misión cristiana
En el marco de la Misa Crismal, celebrada este lunes 30 de marzo en la Catedral Metropolitana de San Pedro Apóstol, Mons. Luis Fernando Rodríguez Velásquez, arzobispo de Cali, centró su homilía en el Bautismo como fundamento del sacerdocio común de los fieles y de la vida cristiana, invitando a renovar la conciencia de este don y a vivir con coherencia la fe, en un camino de santidad, misión y servicio al Pueblo de Dios.
A continuación, les compartimos el texto completo de la homilía de Mons. Luis Fernando Rodríguez Velásquez:
MISA CRISMAL 2026
EN EL AÑO DEL BAUTISMO
“Oh Dios, concede propicio a quienes hiciste partícipes de la consagración de tu Hijo, ser testigos de la redención en el mundo” (De la oración colecta).
Los invito para que hagamos de esta solemne eucaristía una alabanza al sacerdocio.
Hay un principio universal que es importante valorar y reconocer, y es que por el bautismo “hemos recibido la consagración sacerdotal de Cristo”. El sacramento del bautismo, para el cual hemos dedicado este año, nos hace participar de la consagración divina. Ello se concreta en el baño del agua que nos purifica y nos devuelve la dignidad de hijos, y por las unciones con el óleo de los catecúmenos y el crisma, que nos hacen propiedad de Dios y nos constituyen en sacerdotes, profetas y reyes.
Por la consagración bautismal, todos recibimos el sacerdocio común de los fieles, sacerdocio que estamos llamados a vivir mediante el testimonio de nuestra fe. Pero algunos de quienes recibimos y vivimos el sacerdocio común somos elegidos para recibir el sacramento del orden sacerdotal en los grados de diácono, presbíteros u obispos, para ser destinados al servicio del pueblo santo de Dios.
El Papa León XIV recuerda que, a pesar de ser ordenados, la base fundamental, el pilar del sacramento del orden, es ser bautizados, que lleva, como lógica conclusión, ser discípulos y misioneros.
Así entendemos mejor lo que dice el profeta Isaías: “El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido y me ha enviado”. Sientan todos que efectivamente son sacerdotes del Señor, y que cada uno, según sus dones y carismas, pondrá al servicio del Reino lo mejor de sí.
En el año del bautismo queremos que tomen conciencia de esta hermosa dimensión del sacramento del bautismo, por el cual, y a través del cual, somos reconocidos como santos, reconocimiento del que nos debemos apropiar para cuidarlo como el mejor tesoro.
Un cristiano comprometido, laico, obispo, sacerdote, diácono, religioso o religiosa, debe esforzarse por vivir alegremente la santidad de vida que se nos ha otorgado. El Papa Francisco lo dirá escuetamente: “Deja que la gracia de tu bautismo fructifique en un camino de santidad. Deja que todo esté abierto a Dios y para ello opta por él, elige a Dios una y otra vez” (Exhortación apostólica Gaudete et exultate sobre el llamado a la santidad en el mundo actual, n. 15).
Permítanme, que iluminados por la Palabra de Dios que ha sido proclamada, me detenga en algunos elementos del rito de la bendición del óleo de los catecúmenos y la consagración del Crisma.
El óleo de los catecúmenos nos hace pensar en la fuerza de Dios para vivir con coherencia la fe recibida en el bautismo. Aquí quiero hacer un nuevo llamado para que cada vez que hagamos la profesión de fe, en especial la que haremos en la noche santa de la pascua, asumamos la tarea de vivir alegres los compromisos del bautismo.
Ese vivir los compromisos bautismales y la coherencia de creyentes, lo expresa el ritual de la bendición hoy con unas palabras claves de la oración que vamos a escuchar y que destaco:
- Aumentar el conocimiento de las realidades divinas. Cómo es de urgente y necesario profundizar en las verdades de nuestra fe; cómo es de importante orar y capacitarnos en la lectura y meditación de la Sagrada Escritura, de conocer más el Magisterio de la Iglesia, y de acoger procesos formativos que nos ayuden a prepararnos para saber dar razón de nuestra esperanza. Aprovechen las diferentes propuestas de formación de la arquidiócesis. Necesitamos cristianos y líderes de pastoral bien preparados.
- Valentía en el combate de la fe. Cuando en el mundo siguen aumentando los mártires por causa de la fe, estamos siendo llamados a ser valientes para ir contra corriente en un mundo triste, un mundo desorientado y sin rumbo. Los bautizados sabemos que nuestro futuro está en las manos del Señor y que su mensaje no ha pasado de moda, todo lo contrario, se vuelve urgente proponerlo nuevamente pues sólo en Él encontramos la verdadera vida y la salvación.
- Vivan más hondamente el Evangelio de Cristo. El auténtico cristiano se esfuerza por tener los mismos sentimientos de Cristo y trabaja por vivir día a día su Palabra, buscando hacer parte de los bienaventurados, es decir, de “aquellos que escuchan la Palabra y la cumplen”.
- Emprendan animosos la tarea cristiana y gocen de la alegría de sentirse renacidos y de formar parte de la Iglesia. ¿Qué significa esta exhortación? Pues que estamos siendo llamados a vivir con entusiasmo y con ardor nuestra fe; a sentirnos plenos por el don de la vida nueva que hemos recibido y a sentirnos orgullosos y comprometidos con la Iglesia que es Una, Santa, Católica y Apostólica.
Todo esto lo deben enseñar los padres de familia y catequistas a los niños, adolescentes y jóvenes que se preparan para los sacramentos de iniciación cristiana; pero que también debemos recordar a los adultos, para que renovemos en cada momento la alegría de sentirnos amados y enviados.
Para la consagración del Crisma, que solo puede hacer el obispo, éste, dice el ritual, “derrama los aromas sobre el óleo y confecciona el crisma en silencio”. Este aroma permitirá a los ungidos tener el olor de Cristo e irradiar con este el suave olor la grandeza del amor de Dios.
Luego dice el ritual: “el obispo sopla sobre la boca de la vasija del crisma y dice la oración”. Este soplo tiene una especial significación que nos remite a diversos pasajes bíblicos:
- El soplo de Dios en la creación (Génesis 1,2b);
- El soplo de Dios sobre la creación de la persona (Génesis 2,7).
- El soplo que abrió las aguas del mar rojo (Éxodo 14,21);
- El soplo de Jesús a sus discípulos comunicándoles el Espíritu Santo (Juan 20,22);
- El viento de Pentecostés (Hechos 2,2)
El signo del soplo sobre el aceite, nos hace caer en la cuenta de que esta celebración es fundamentalmente neumatológica, es decir, donde el protagonista es el Espíritu Santo, el mismo que nos fue dado en el bautismo. Es el don de Dios que calma definitivamente nuestra sed, como lo decía Jesús a la samaritana; es el don que nos hace seres espirituales y santos.
Pero si damos gracias a Dios por el don del sacerdocio común de los fieles, ¿cómo no darle gracias por el don del sacerdocio ministerial? Acompaño como obispo hoy con ustedes a estos queridos presbíteros y religiosos que renovarán con alegría sus compromisos sacerdotales.
Es por esto que quiero compartirles un aparte de la carta que los obispos colombianos, reunidos en asamblea plenaria, cuyo tema fue el presbiterio en una Iglesia sinodal, hacia una pastoral sacerdotal integral, enviamos con amor a todos nuestros sacerdotes el pasado 13 de febrero de 2026, comenzando con un mensaje del Papa León para el inicio de nuestra reunión:
“…nos conmueve el mensaje que el Santo Padre León XIV … en el que nos exhorta “a promover la santidad del Presbiterio, a fin de que quienes sirven como pastores puedan conformarse plenamente al corazón de Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, y a su misterio de amor” y ha manifestado que “pide al Espíritu Santo que ilumine la misión pastoral que llevan adelante en esas amadas tierras colombianas y los impulse a ser auténticos testigos del Evangelio”.
Con estas palabras motivadoras del Santo Padre, queremos decirles, ante todo, ¡gracias! Gracias por la fidelidad silenciosa, por los desvelos pastorales, por caminar con el Santo Pueblo fiel de Dios, incluso cuando el cansancio pesa y la realidad parece ardua. Hacemos visible a Cristo Buen Pastor (cf. Jn 10,11), con nuestra presencia y cercanía, las cuales son signo del amor de Dios en medio de su pueblo”.
Yo resalto esa acción de gracias. Ustedes son los próvidos colaboradores del obispo, y éste espera de cada uno comunión, fidelidad, respeto, cercanía y afecto sincero, no solo con su persona, sino también con las comunidades que acompañan.
En la carta de los obispos colombianos a los presbíteros, compartimos unas palabras del Papa León XIV al Presbiterio de la Arquidiócesis de Madrid, del 9 de febrero de 2026, más que nunca oportunas para esta celebración:
“Seamos sacerdotes firmes, sólidos en la identidad y valientes, porque “Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de dominio propio” (2Tim 1,7). No perdamos el horizonte de nuestra consagración sacerdotal. Nuestra identidad se fundamenta en la configuración real y existencial con Cristo, evitando reducir el ministerio a un conjunto de tareas o a la presión por obtener resultados visibles. La Iglesia no necesita sacerdotes definidos por “la multiplicación de tareas o la presión de los resultados”, sino “varones configurados con Cristo, capaces de sostener su ministerio desde una relación viva con Él, nutrida por la Eucaristía y expresada en una caridad pastoral marcada por el don sincero de sí”.
Que esta sea también una de las intenciones que tengan presentes en el momento de renovar dentro de pocos instantes sus compromisos sacerdotales; renovación que termina con una petición a todos los fieles:
“Oren por sus sacerdotes y también por mí, para que seamos fieles ministros de Cristo Sumo sacerdote, y conduzcamos los fieles hacia Cristo, que es la fuente única de salvación”.
¡Gracias Señor por hacernos partícipes de tu sacerdocio salvador!; ¡gracias por el regalo que nos haces en la llena de gracia, la siempre Virgen María!
¡Gloria y alabanza a ti, Sumo y Eterno Sacerdote! Amén.
Mons. Luis Fernando Rodríguez Velásquez
Arzobispo de Cali

















