“En medio de los desafíos cotidianos que atraviesan muchas mujeres en Cali, existen lugares donde la esperanza se vuelve tangible. El comedor comunitario GastroArte es uno de ellos: un espacio donde la solidaridad se sirve en cada plato y el cuidado se expresa en cada encuentro. Allí, mujeres lactantes en condición de vulnerabilidad no solo encuentran alimento, sino también acompañamiento, escucha y la certeza de que no están solas”
Cada mañana, antes de que el ritmo de la ciudad despierte por completo, Daianna Reyes se detiene unos segundos. Cierra los ojos, se persigna y, en silencio, encomienda su día a Dios. No es un gesto rutinario: es la fuerza que necesita para salir al encuentro de otras vidas.
Quien la ve caminar con prisa podría pensar que se dirige a un trabajo cualquiera. Pero su urgencia no nace del reloj, sino del corazón. Daianna sabe que, al otro lado de la puerta del comedor comunitario GastroArte, hay mujeres lactantes que esperan algo más que un plato de comida: esperan comprensión, cuidado y un lugar donde no sentirse solas.
Allí, en medio de las dificultades, el comedor se ha convertido en un refugio de misericordia.
Un amor que viene de atrás
La historia de Daianna está profundamente entrelazada con la de su abuela, Ketty Penorio. Fue ella quien le enseñó que servir a los demás no es una obligación, sino una forma de amar. Ese legado, que nació en lo cotidiano, hoy se multiplica en cada gesto, en cada palabra y en cada plato servido.
Daianna no solo continúa una labor: honra una memoria viva que late en cada acción.
Cuidar la vida, sostener la esperanza
En su recorrido por el territorio, Daianna entendió una realidad que no podía ignorar: muchas mujeres lactantes vivían en condiciones de desprotección. Fue entonces cuando el comedor dejó de ser únicamente un espacio de alimentación para convertirse en un lugar de acompañamiento integral.
En GastroArte, la vida ocupa el centro. Cada mujer que llega encuentra no solo alimento para su cuerpo, sino también un espacio donde su historia importa, donde su voz es escuchada y donde su proceso es acompañado con dignidad.
Donde nadie está sola
Con el paso de los días, el comedor ha tejido algo más profundo que un servicio: ha construido comunidad. Entre conversaciones sencillas, risas tímidas y palabras de aliento, las mujeres comienzan a reconocerse unas en otras.
Se preguntan cómo están, cómo avanza el embarazo, cómo se sienten. Se acompañan en la búsqueda de medicamentos, comparten información, se sostienen en los momentos difíciles. Mientras tanto, el comedor hace su parte asegurando su alimentación, pero lo que ocurre allí va mucho más allá.
Es una red de cuidado que crece desde lo humano, desde lo cercano, desde lo esencial.
Cuando el trabajo se vuelve esperanza
Este proceso, impulsado por la Alcaldía Distrital a través de la Secretaría de Bienestar Social, en alianza con la Arquidiócesis de Cali, es mucho más que un programa social. Es una apuesta por la vida, por la dignidad y por la reconstrucción del tejido social en los territorios.
Porque en lugares como GastroArte, la ayuda no solo se entrega: se comparte, se siente y se transforma en esperanza, así sobre la mesa se recupera a Cali.
Por: Anderson Bernal Serna
Líder de comunicaciones
Comedores Comunitarios – Pastoral Social







