NOVENA DE NAVIDAD 2020

DÍA 2

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amaste a los hombres y que nos diste en tu Hijo la mejor prenda de tu amor, para que hecho hombre en las entrañas de una virgen naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio.

Yo en nombre de todos los mortales te doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.

En retorno de él te ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de tu hijo humanado, y te suplico por sus divinos méritos, por las incomodidades con que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongas nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido y con tal desprecio de todo lo terreno, que Jesús recién nacido, tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén.

(Se reza el Gloria al Padre).

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN

Soberana María que por tus grandes virtudes y especialmente por tu humildad, mereciste que todo un Dios te escogiera para madre suya. Te suplico que tú misma prepares y dispongas mi alma y la de todos los que en este tiempo hagan esta novena, para el nacimiento de tu adorable Hijo.

¡Oh, dulcísima Madre! Comunícame algo del profundo recogimiento y divina ternura con que le agradaste tú para que nos hagas menos indignos de verle, amarle y adorarle por toda la eternidad. Amén

(Se reza el Avemaría).

ORACIÓN A SAN JOSÉ

¡Oh, Santísimo San José!, esposo de María y padre putativo de Jesús. Infinitas gracias doy a Dios porque te escogió para tan altos ministerios y te adornó con todos los dones proporcionados a tan excelente grandeza. Te ruego por el amor que le tuviste al Divino Niño, me abraces en fervorosos deseos de verle y recibirle sacramentalmente mientras en su divina esencia le veo y le gozo en el cielo eternamente. Amén.

(Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria).

ORACIÓN AL NIÑO JESÚS

Acuérdate, ¡oh, dulcísimo Niño Jesús!, que dijiste a la venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos tus devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente: «Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia, y nada te será negado».
Llenos de confianza en ti, ¡oh, Jesús, que eres la misma verdad!, venimos a exponerte toda nuestra miseria.
Ayúdanos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada.
Concédenos, por los méritos infinitos de tu encarnación y de tu infancia, la gracia de la cual necesitamos tanto. Nos entregamos a ti, ¡oh, Niño omnipotente!, seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza, y de que, en virtud de tu divina promesa, acogerás y despacharás favorablemente nuestra súplica.

Amén.

Jueves 17 de diciembre. Día Segundo: abril, una Semana Santa encerrados.

Texto: Lucas 2, 33-35: Su padre y su madre estaban admirados por lo que decía del niño. Simeón los bendijo, y dijo a María, su madre: Mira: éste está puesto para que todos en Israel caigan o se levanten; será una bandera discutida, mientras que a ti una espada te traspasará el corazón; así quedará patente lo que todos piensan. PALABRA DEL SEÑOR.

 Consideración. El nombre Simeón significa “Dios ha escuchado”. San Lucas presenta a este personaje como “justo y piadoso, aguardaba el consuelo de Israel y el Espíritu Santo estaba sobre él”. (2, 25). Este anciano habla de luz y de paz (Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz porque mis ojos han visto tu salvación), de espada y de sufrimiento. El pasaje proclamado en este segundo día es como un resumen de lo que representa el niño Jesús: será un Mesía sufriente y su madre tendrá parte en sus sufrimientos. Además, ante ese Jesús cada uno tomará una postura: o lo aceptará o lo rechazará.

 Creyentes y no creyentes hacemos planes en Semana Santa: unos salen a descansar otros prefieren quedarse y vivir en sus parroquias los oficios religiosos, las procesiones, el viacrucis, la visita a los monumentos, la gran Vigilia Pascual. Nada de eso se hizo en la Semana Santa pasada: ni aviones, ni sitios de recreo, ni visita a las tres cruces, ni procesiones, nada es nada. Sin embargo, muchas personas, como el anciano Simeón esperaban el consuelo salvador y el Espíritu Santo los impulsó a orar, a salir a las ventanas al paso de sacerdotes que en vehículos bendecían los ramos, exponían el santísimo, salían a las calles a consolar a la gente. Fue una Semana Santa de encierro, pero también hizo pensar mucho. Las celebraciones vía internet transmitían una palabra, un mensaje, nos uníamos virtualmente al sacramento, contemplábamos la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Tal vez, muchos vivieron la mejor Semana Santa de sus vidas, en duro silencio, encerrados, con miedo, con grandes temores, pensando muchos que Dios castigaba a su pueblo. No se puede afirmar esto último, Dios no nos envía castigos, dios no nos infunde miedo, dios nos habla por medio de los acontecimientos.

 Hagamos un momento de silencio, pensemos ¿Qué nos quiere decir Dios a través de lo que ha pasado? ¿Sí escuchamos rectamente a Dios?

 Siguen las oraciones y los gozos.

GOZOS

Dulce Jesús mío, mi niño adorado ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

Ven, ven, ven ….

¡Oh, Sapiencia suma del Dios soberano, que a infantil alcance te rebajas sacro! ¡Oh, Divino Niño, ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios!

Ven, ven, ven ….

¡Oh, Adonai potente que Moisés hablando, de Israel al pueblo diste los mandatos! ¡Ah, ven prontamente para rescatarnos, y que un niño débil muestre fuerte el brazo!

 Ven, ven, ven ….

¡Oh, raíz sagrada de José que en lo alto presenta al orbe tu fragante nardo! Dulcísimo Niño que has sido llamado Lirio de los valles, Bella flor del campo.

Ven, ven, ven ….

¡Oh, lumbre de Oriente, sol de eternos rayos, que entre las tinieblas tu esplendor veamos! Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios.

Ven, ven, ven ….

¡Rey de las naciones, Emmanuel preclaro, De Israel anhelo Pastor del rebaño! ¡Niño que apacientas con suave cayado ya la oveja arisca, ya el cordero manso! 

Ven, ven, ven ….

¡Ábranse los cielos y llueva de lo alto bienhechor rocío como riego santo! ¡Ven hermoso Niño, ven Dios humanado! ¡Luce, Dios estrella! ¡Brota, flor del campo!

Ven, ven, ven ….

¡Ven, que ya María previene sus brazos, do su niño vean, en tiempo cercanos! ¡Ven, que ya José, con anhelo sacro, se dispone a hacerse de tu amor sagrario!

Ven, ven, ven ….

¡Del débil auxilio, del doliente amparo, consuelo del triste, luz del desterrado! ¡Vida de mi vida, mi dueño adorado, mi constante amigo, mi divino hermano!

Ven, ven, ven ….

¡Ven Salvador nuestro por quien suspiramos Ven a nuestras almas, Ven, no tardes tanto!

Ven, ven, ven ….