Noviembre – Mes de la conmemoración internacional de la no violencia contra la mujer

Por:  Adriana Lozada, Dirección de Reconciliación y Paz – Arquidiócesis de Cali

Uno de los frenos que tienen las mujeres a la hora de dejar a sus agresores es la dependencia económica. A muchas no se les permite trabajar, otras tantas, obligadas por sus compañeros sentimentales, asumen toda la responsabilidad que conlleva el pago de servicios, arriendo, comida y manutención de sus hijos. A otro tanto de las mujeres no se les permite decidir sobre el dinero ganado, las vigilan obsesivamente sobre los gastos de su dinero. Estas son prácticas muy comunes, imperceptibles, silenciosas a los ojos de la comunidad y en especial de las autoridades.

 Esto va más allá, muchas otras mujeres son abandonadas por los padres de sus hijos, quienes nunca responden por ellos, obligándolas a salir a conseguir el sustento, dejando a merced sus hijos con otros familiares, vecinos o hasta solos, a merced de los peligros que la calle conlleva. A esto se suma, una gran cantidad de mujeres dedicadas al cuidado y el trabajo doméstico, que no son remuneradas y que representa un aporte significativo para la economía nacional.

 El Observatorio para la Equidad de las Mujeres en su Boletín sobre violencias en las mujeres del Valle del Cauca del año 2019, define la violencia económica como cualquier “acción u omisión orientada al abuso económico, el control abusivo de las finanzas, recompensas o castigos monetarios a las mujeres por razón de su condición social, económica o política. Este tipo de violencia va en detrimento de la capacidad adquisitiva, goce y efectividad de los derechos sobre el ámbito económico y patrimonial, como la autonomía de las mujeres a la hora de decidir libremente sobre recursos, capital, acceso a bienes muebles o inmuebles y la posibilidad de valerse por sí mismas en el aspecto económico”.

 Según lo anterior, esto nos lleva a pensar que es una de las violencias que más se presenta y la más silenciada.

 La pobreza de la mujer un problema que va creciendo silenciosamente

 La pobreza en la mujer también es evidente, y más en estos tiempos de pandemia por COVID-19, donde un gran número de mujeres han perdido sus empleos, agrandando la brecha de desigualdad frente a los hombres. Según ONU Mujeres y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para “el 2021, por cada 100 hombres jóvenes que vivan en pobreza extrema habrá 118 mujeres. Ellas asumen la mayor parte de la responsabilidad del cuidado de la familia, ganan menos, ahorran menos y tienen trabajos mucho menos seguros, una situación que se ha intensificado con la crisis del coronavirus”.

 Una alternativa para la autonomía económica de la mujer

 Ante esta situación, la Arquidiócesis de Cali actúa junto a la Pastoral Social con el programa ‘Círculos Solidarios’, un proceso que a través de la capacitación y un capital semilla ayuda a desarrollar la capacidad económica de las mujeres más vulnerables que hacen parte del proyecto “Empoderamiento Ciudadano para la Disminución de la Violencia contra la mujer”, desarrollado por la Dirección de Reconciliación y Paz de la Arquidiócesis de Cali.

 El programa Círculos Solidarios, mediante talleres semanales y la creación de unidades productivas permite el desarrollo sostenible de los habitantes de la ciudad en situación de vulnerabilidad e informalidad. Así mismo, muchas mujeres pueden acceder a mejores oportunidades, sobre todo las que se encuentran excluidas de préstamos de bancos y, frecuentemente, caen a la trampa de la gota a gota. Con el Círculo Solidario pueden acceder a recursos a bajo costo, para el fortalecimiento de sus unidades socioeconómicas evitando el acceso a fuentes de financiamiento ilegal a través de una metodología grupal que busca el empoderamiento y la autogestión, acompañados por los promotores que, a su vez, hacen el papel de facilitadores del proceso de formación de líderes de los Círculos. Estos promueven la sana convivencia y espacios de transformación social, dado que las reuniones y la capacitación semanal garantizan la unidad de las personas y la construcción del tejido social en el territorio.

 Al participar en estos Círculos Solidarios, se generan apoyos mutuos y redes solidarias entre los y las participantes. Cabe destacar que estos grupos ayudan en fortalecer valores y habilidades como fomentar el ahorro, la previsión, la administración de ingresos e inversiones y, como valor agregado, la recreación, la salud y el bienestar de las familias beneficiarias.

 Actualmente se desarrolla la propuesta en la ciudad de Santiago de Cali en el marco de un convenio de asociación con la Secretaría de Desarrollo Económico de la Alcaldía de Cali, quienes acompañan y apoyan este proceso con la formación en economía solidaria bajo la modalidad de los círculos solidarios, llegando a grupos de interés como las gestoras de comedores comunitarios, vendedores en las plazas de mercados, vendedoras ambulantes, población víctima de conflicto, mujeres cabeza de hogar y las mujeres del empoderamiento ciudadano de la Dirección de Reconciliación y Paz.

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