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Elkin Álvarez: “Como católicos tenemos el derecho de defender la vida”

Fuente: CEC 

El sábado 5 de mayo, unos 400 mil de colombianos protagonizaron la XII Marcha Nacional por la Vida promovida por la plataforma Unidos por la Vida, en 55 ciudades y municipios, bajo la consigna #AbreTuCorazónEligeLaVida.

La Iglesia colombiana, por su parte, desde el 20 de marzo, cuando se pronunció en rechazo de la resolución No. 825 de 2018 que “reglamenta el procedimiento para hacer efectivo el derecho a morir con dignidad de los niños, niñas y adolescentes”, había manifestado su apoyo a la Marcha, “convocando a participar en ella”. 

Vida Nueva dialogó con el obispo auxiliar de Medellín y secretario general de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), Elkin Fernando Álvarez, sobre los alcances de esta movilización y el rol de los católicos frente al llamado de defender la vida.

“Los jóvenes se están haciendo defensores de la vida”
PREGUNTA.- ¿Cuál es su balance de la Marcha Nacional por la Vida?

RESPUESTA.- Por lo que he vivido en Medellín y las noticias que he tenido de otras ciudades como Bogotá, la respuesta ha sido masiva. He visto, sobre todo, una gran participación de la población joven, son jóvenes que se están haciendo defensores de la vida.

ambién hay que decir que toda esta marcha, esta movilización, no es solo en torno a temas como el aborto y la eutanasia. Una marcha por la vida también expresa que queremos mejores familias, queremos las vías de la paz, no de la violencia. 

Experimentamos en nuestras ciudades algunas oleadas de violencia que están acabando con la vida de tantas personas. La droga es otro campo que, lamentablemente, se ha apoderado de nuestras ciudades y ha hecho desastres en la vida de familias y de personas. Entonces, buscamos promover la vida en su dimensión integral.

“No somos los únicos”
P.- ¿Cómo ha sido la respuesta de los católicos a la invitación de la Iglesia a participar en esta iniciativa a favor de la defensa de la vida?

R.- El pueblo católico cada vez se hace más consciente de que la fe cristiana, el Evangelio, nos lleva a ser coherentemente defensores de la vida. Creo que en esto hemos ganado bastante porque cada vez más los católicos saben que no pueden favorecer este tipo de campañas e iniciativas que tocan la vida y destruyen la dignidad de la vida humana que Dios nos ha dado. Entonces creo que en esto tenemos una mayor consciencia y formación católica.

Pero, a la vez, el pueblo católico sabe que en este tema no somos los únicos. Este valor que es de la ley natural, que consideramos nosotros como el valor fundamental, también lo tienen otras confesiones. Sé que en algunas ciudades no solamente los católicos, sino también personas de otras confesiones, han salido a marchar por la vida.

“La tarea formativa es prioritaria”
P.- Después de esta amplia movilización por la vida, ¿qué pasos espera seguir dando la Iglesia colombiana?

R.- Lo primero es que los católicos cada vez más nos movamos en torno a la consciencia y a la defensa de la vida. Yo creo que en esto la Iglesia tiene que seguir formando en las parroquias, porque muchas veces lo que hacen las campañas abortistas o que favorecen la eutanasia, es argumentar de una manera capciosa y meternos sofismas de distracción. Ante esto, la tarea formativa es prioritaria.

En segundo lugar, la acción ciudadana. Como católicos, tenemos el derecho de defender la vida, de hablar en torno a la vida. Y creo que esta es una convicción –como lo acabo de mencionar– que pertenece a una buena parte del pueblo colombiano. 

Si dejamos que se imponga una legislación que desconozca –como se ha hecho en los últimos meses– el sentir, el clamor de las personas, pues lógicamente este no es un proceso ni democrático ni que respete los valores fundamentales de una sociedad. Entonces tenemos que seguir trabajando mucho, manifestando las razones, haciendo presencia pública, que corresponde principalmente a los laicos.

Y finalmente, la Iglesia promoverá siempre el valor de la oración, también en este sentido. Orándole al Dios de la vida, le pedimos que podamos tener, de verdad, respeto por la dignidad y la vida de la persona humana.