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Un cuerpo que se hace solidaridad

Fuente: El País

Contemplar el misterio del Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, es adentrarnos en la esencia amorosa del ser de Dios, que se hace pan para darse como alimento. 


No solo se trata de contemplar la verdad eucarística de Dios en una custodia, es ante todo el ejercicio de transferir la carga existencial plena del amor del Padre, a través del Hijo hecho pan. Un pan que se hace alimento compartido, para saciar el hambre del género humano tan necesitado de una nutrición espiritual.

 

Pero este pan no solo es alimento que calma hambre, sino también alimento que forma comunidad, pues el “denles ustedes de comer”, se convierte en un mandato que compromete a los discípulos en la lucha de construir una sociedad donde la vida digna se haga realidad concreta.


En un mundo donde las desigualdades sociales son tan marcadas, donde el deseo de unos pocos por acumular, excluyendo de los beneficios materiales a tantos hombres y mujeres son cada vez más notables, se presenta la propuesta de Cristo, que nos invita a ser pan partido. En la Eucaristía, encontramos el reflejo claro y determinante de una vida en comunidad, pues cuando la forma eucarística es fraccionada por el sacerdote en el momento del cordero inmolado, la verdad del Dios que se hace cuerpo-pan, es llevada a la multitud que se transforma en asamblea que recibe el don del alimento espiritual, para que al mismo tiempo nos hagamos pan para otros.


Somos pan, que refleja el amor del cordero inmolado, somos pan que se hace luz para iluminar el camino de tantos y tantas que viven en la oscuridad, somos pan que se hace cuerpo-comunidad, que asume el reto del calmar el hambre de Dios, de una humanidad sin peso corporal comunitario. 


El misterio del Cuerpo y la Sangre del Señor, nos hagan cada vez más solidarios, nos haga cada vez más humanos, que el Maná bajado del cielo se haga realidad en su cuerpo místico que es la Iglesia. Que la comunión eucarística de nuestras comunidades cristianas se haga solidaridad profética, para mostrar el Reino de la Justicia, la vida digna y la paz.

 

Diego Fernando Guzmán Ruiz, Pbro.