Por: Equipo de Comunicaciones Pastoral Social
Dicen las sagradas escrituras que todos estamos llamados a la mesa, pero ¿Qué es estar en la mesa? La mesa es el lugar sagrado de encuentro entre Jesús y sus amigos, es el escenario en que Jesús se da al otro, y el darse es la gran prueba y llamado de amor que todos los cristianos tenemos.
La mesa es ese lugar de compartir con el otro, sin embargo, es la mesa donde se experimenta el gran reto de la humanidad “compartir sin estar de acuerdo” y es que ahí está la gran lucha de todas las generaciones, en la poca capacidad que tenemos para sentarnos en la mesa y compartir sin importar nuestras ideologías, pensamientos o visiones.
Las grandes luchas de los países, es esa, el reto de escuchar y compartir con el otro, es poco usual, por ejemplo ¿Cuándo vas a ver presidentes con ideologías diferentes sentados en la misma mesa? Tristemente la respuesta es que muy pocas.
Es por eso, que Jesús en su gran sabiduría entendí que es muy complejo dejar a un lado las divisiones, pero la mesa es la oportunidad para construir, debatir y reconciliarse. El pan que compartimos es la unidad de la Iglesia, y en los territorios significa la gran esperanza de construir una nueva ciudad.
Una ciudad como Cali que ha sido golpeada por la violencia y las divisiones hoy está soñando en reconciliarse y este proceso es hermoso, pero a la vez complejo, hay que reconciliarse con el que sueña diferente, con el que hizo daño y con el que nunca lo ha hecho, reconciliarse con las madres gestantes y las que han decidido no dar vida, con los niños, jóvenes y adultos, reconciliarse es volver a sonreír, es compartir el pan en la mesa con el otro, reconciliarse es abrazar al otro y decirle ¡Hermano mío! Así como lo hicieron con el apóstol Pablo.
Los comedores comunitarios le están apostando a convertirse en esos espacios, donde los liderazgos de las comunidades se encuentran para hablar de paz, construir paz y abrazar la paz.

