Junio: Gratitud

 

Por: Luis Fernando Rodríguez Velásquez
Arzobispo Coadjutor

La gratitud es propia de las almas nobles. Ya Jesús nos dio ejemplo de ello cuando la expresaba de forma directa e indirecta. Directa cuando decía “Te doy gracias, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a pequeños” (Mt. 11, 25), e indirecta, cuando se ponía en las manos del Padre y hacía su voluntad.

En estos tips pastorales lo primero que quiero hacer es darle gracias a Dios por la confianza ha tenido en mí para nombrarme Arzobispo coadjutor con derecho de sucesión de Cali, y a cada uno de los miembros de la familia de la Arquidiócesis de Cali por sus múltiples signos de acogida, de aprecio, de oración para conmigo.

En una reciente visita a una parroquia, el párroco tuvo a bien, con sus colaboradores, diseñar en cartulina, con motas de algodón, figuras de ovejas que los fieles tenían en sus manos.  Cuando el padre me hizo el saludo, los fieles las levantaron como signo de que ellos eran esas ovejas, que junto con su Obispo querían caminar juntos hacia el encuentro del Señor Jesús, Pastor de los pastores.

En otra parroquia, en el momento de las ofrendas, los niños, los jóvenes, los mayores y los ministros, entregaron sendos signos que representaban la palabra de Dios, como centro del ministerio episcopal; los textos del Catecismo, el Código, libros de sobre Jesús y de la Doctrina social de la Iglesia, entre otros, para significar la tarea que tiene el Obispo de cuidar y defender el Magisterio de la Iglesia.  Los adultos mayores hicieron entrega de una Cruz, y con ella querían significar la tradición de la Iglesia que en los ancianos se sintetiza como historia de vida.

Y qué no decir de los mensajes y llamadas innumerables que he recibido.

Yo doy gracias por este momento que es providencial para el pueblo de Dios que peregrina en Cali, que renueva así el significado de su pertenencia a la Iglesia católica. Ha sido una hermosa y profunda catequesis sobre el ser y quehacer del Obispo y de su misión al servicio del pueblo de Dios.

Por ello también bendigo al Padre celestial y los exhorto a todos, para que a pesar de las dificultades y desafíos que tenemos enfrente, acojamos este mensaje de San Pablo: “Por encima de todo, revístanse del amor, que es el broche de la perfección. La paz de Cristo reine en sus corazones, pues a ella han sido llamados formando un solo cuerpo. Y sean agradecidos… Todo cuanto hagan, de palabra y de obra, háganlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Col., 3, 14-15.17).

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