Martes, 06 Septiembre 2016 15:05
Encuentro de familias en la misión territorial

“Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida”, fueron las palabras que el Santo Padre utilizó en la Bula de convocatoria del 11 de abril en Roma, para ilustrar el tema central del jubileo, a la luz de la Palabra del Señor: «Sed misericordiosos como el Padre» (cf. Lc 6, 36).Dejémonos iluminar por la palabra.

Lectura del Evangelio según San Mateo 5, 1-12

¿Qué dice el texto Sagrado

¿Qué nos dice el texto Sagrado hoy?

La Familia, Escuela de Misericordia

La familia no solo está llamada a ser hogar y escuela de misericordia, sino también a redescubrirse a sí misma como expresión de la misericordia. Y es que la misericordia de Dios no tiene un reflejo más perfecto en la Tierra que la propia familia. El Papa Francisco lo expresa muy bien “La misericordia de Dios no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual Él revela su amor, que es como el de un padre o una madre que se conmueven en lo más profundo de sus entrañas por el propio hijo […]”. Así es el amor familiar: mientras que en la sociedad a veces se rechaza a las personas por incapaces, o porque no hacen bien su trabajo, o si cometen un error.

La misericordia se vive de forma cotidiana en la familia. De hecho, un gesto por excelencia de la misericordia es acoger el don de la vida, y más aún hoy en día, cuando la cultura promueve la fragilidad del vínculo, la violencia o la satisfacción del deseo sin límite. “Dios es misericordioso porque nos ha dado el ser.

Todas las obras de misericordia se pueden vivir de un modo especial en la familia entendida en su sentido amplio: incluyendo a parientes cercanos y lejanos e, incluso, a aquellos que llaman a nuestra puerta. La familia es también en sí misma misericordia de Dios en la medida en que es una prolongación de la infinita Providencia: “Dios, que provee todo para todos, provee primero a través de la familia”,

La oración en familia es clave para vivir la misericordia porque “la misericordia es un don: no brota solo de nuestras fuerzas”. Cada día está lleno de momentos para ensanchar el corazón para que pueda llenarse de la misericordia de Dios, y, desde ahí, convertirnos en testigos de la misericordia: la bendición de la mesa, el ofrecimiento de obras, la Eucaristía dominical o el rezo del Rosario en familia. Cada día, al caer la noche, dar gracias a Dios por el día que termina y hacer balance de la jornada, subrayando una obra de misericordia. Cada semana, elegir un día para hacer una catequesis familiar donde se expliquen las obras de misericordia
Podemos dialogar con las siguientes preguntas:

¿Cómo podríamos practicar las obras de misericordia en nuestros hogares cada día?
¿Nuestras familias pueden ser misericordiosas con los más pobres de nuestra parroquia? ¿Qué gestos podemos realizar?

Signo: luz

Jesús nos invita a ser misericordiosos como el Padre, nuestra misericordia es luz para tantos que sufren, que tienen hambre, que carecen de todo, al recibir esta luz, nos comprometemos como buenos samaritanos a ayudar a quien más lo necesite.

Terminemos nuestro encuentro tomándonos todos de las manos y recemos juntos por nuestras familias, especialmente por aquellas que sufren.
Padre nuestro.

Que nuestros hogares estén protegidos bajo el amparo de nuestra señora de los remedios. Dios te salve….

Pedimos la bendición de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo amen.