Martes, 26 Julio 2016 17:13
El discernimiento misional - Artículo

Por: Pbro. Germán Martínez R.

Discernimiento es una palabra clave en el campo bíblico y espiritual. Ante todo es un ESTADO DE ATENCIÓN CONSTANTE A Dios y al Espíritu, una certeza experiencial de que Dios habla, se comunica y por tanto mi atención es fundamental una conversión, una vuelta a Dios, un salir de mí mismo.

La actitud de discernimiento es lo que me impide ser testarudo: no me puedo encerrar en mi razón, porque yo no soy el centro de todo, sino el Señor, a quien reconozco como la fuente de la cual proviene todo y hacia la que todo confluye. Entonces la actitud de discernimiento es, UNA EXPRESIÓN ORANTE DE LA FE. No se trata pues de un cálculo, de una lógica deductiva, de una técnica de ingeniería, ni siquiera es una discusión, o una búsqueda de consensos, sino de un modo de oración, el ejercicio constante de renunciar al querer y pensar propio. Por tanto, en la Iglesia, el discernimiento, para que no sea un engaño más de mí mismo, de mi cerrazón y de mi egoísmo constante, NUNCA SE HACE EN SOLITARIO. Los antiguos maestros consideraban que el discernimiento sólo era posible dentro del discipulado y de la paternidad espiritual.

San Ignacio de Loyola, que elabora reglas muy precisas para discernir, señala que éstas son para quien da los ejercicios, para poder reconocer mejor las mociones del ejercitante (se trata de los llamados ejercicios espirituales) y así, ser testigo de cómo la salvación de Dios opera en la persona, cómo se abre uno al actuar de Dios y cómo transmite a los demás esa acción de Dios.

El Papa Francisco (que es jesuita y por tanto sabe bastante del tema), hablando a los religiosos y religiosas en el mes de mayo pasado, sintetiza en tres puntos las claves de todo discernimiento: ORACIÓN, DIÁLOGO Y DECISIÓN COMÚN. La oración va por delante porque el discernimiento es obra del Espíritu Santo, el diálogo es lo contrario al monólogo, implica saber escuchar, respetar otra opinión distinta a la mía y la decisión común tiene que ver con el conjunto, con la asamblea, con la comunidad eclesial. Por ahí van los pasos que en nuestra Arquidiócesis se vienen dando en la construcción de un PLAN PASTORAL QUE PARTE DE LA PARROQUIA MISMA, lugar de celebración (oración), sede de la Asamblea parroquial (diálogo), miembro de un cuerpo más amplio (la Arquidiócesis, la zona pastoral, el arciprestazgo, etc. La decisión común). Ha sido un ejercicio difícil pero se va avanzando en la medida en que todos los miembros de la Arquidiócesis ven con claridad qué importante es el DISCERNIMIENTO MISIONAL, es decir, la mirada hacia delante del caminar eclesial de nuestras parroquias.

Todo apunta a la MISIÓN PERMANENTE, al “estado de misión”, al “salir de nosotros mismos”, a no “contentarnos con lo de siempre”, al “crecer juntos en la fe”, al “construir comunidades de servidores”. Sigamos avanzando en medio de las dificultades propias de nuestra condición humana.