Martes, 26 Julio 2016 17:09
Rejuvenece la Iglesia - Artículo

Por: Pbro. Germán Martínez R.

Vicario Episcopal para la Educación

logomisioncontinental

Es el título de la Carta a los Obispos, de parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe, hecha pública el pasado 14 de junio, sobre la relación entre los dones jerárquicos y carismáticos para la vida y misión de la Iglesia. El comienzo es clave de lectura de dicha Carta: “La Iglesia rejuvenece (IuvenescitEcclesia) por el poder del Evangelio y el Espíritu continuamente la renueva, edificándola y guiándola con diversos dones jerárquicos y carismáticos”. 

Es un texto bien profundo que parte naturalmente de los datos bíblicos y se enriquece luego con la enseñanza magisterial de la Iglesia para invitar a los Obispos, los que custodian la fe, a un discernimiento de los carismas, a un sincero acompañamiento de ellos y a una orientación sobre ellos que contribuya al bien de toda la Iglesia. Muy oportuna la Carta, pues en el subconsciente de todos, “late” la idea de que se oponen o se yuxtaponen = poner una cosa al lado de otra, sin relacionarlas, lo institucional y lo carismático. 

El texto de la Carta cita el magisterio de Juan Pablo II: “En varias ocasiones he subrayado que no existe contraste o contraposición en la Iglesia entre la dimensión institucional y la dimensión carismática, de la que los movimientos son una expresión significativa. Ambas son igualmente esenciales para la constitución divina de la Iglesia fundada por Jesús, porque contribuyen a hacer presente el misterio de Cristo y su obra salvífica en el mundo” (Mensaje a los participantes en el Congreso mundial de los movimientos eclesiales el 27 de mayo de 1998). 

El Cardenal J. Ratzinger hizo en ese mismo año, 1998, una profunda reflexión sobre “Los movimientos eclesiales y su colocación teológica”. Y el Papa Francisco, en la Vigilia de Pentecostés, con los diversos movimientos eclesiales, el 19 de mayo del año 2013, exhortó a buscar “la armonía” que el Espíritu crea entre los diferentes dones, y encima convocó a las agregaciones carismáticas a la apertura misionera, a la obediencia necesaria a los pastores y a su estrecha vinculación con la comunidad eclesial (diócesis, parroquia). Puede aplicarse sin dificultad a los carismas el dicho famoso del gran teólogo Karl Rahner sobre la mística: La Iglesia del futuro será una Iglesia de carismas. La Iglesia, que es UNA, es la de muchos carismas y por eso la de los grandes santos. Santos, eso es lo que necesitamos. Santos son los que explotan sus carismas sin reservas. Son como una vela que arde por los dos cabos. El don de saber relacionarse con personas ancianas, sordas o azotadas por el Alzheimer. El don de enseñar la religión a los niños de tal modo que desde temprana edad conozcan la bondad y la misericordia de Dios. El don de mostrar a los demás, al modo de Francisco de Asís, en total pobreza y sin afán de buscar aplausos, la “alegría evangélica”. El don de entusiasmar a los jóvenes por el anuncio del Evangelio que da “sentido” a la vida. El don de hacerse médico pero para consolar a los abatidos y a los enfermos lo que ningún medicamento puede dar. 

Esos son los carismas que vienen del cielo y vuelven al cielo. Ellos edifican la Iglesia. En la Arquidiócesis de Cali hay afortunadamente gran presencia de ellos: La Renovación Católica, Cursillos de Cristiandad, Lazos Marianos, Comunidad Emaús, Movimiento Familiar, etc., etc., etc. En este tiempo en el que desde las parroquias intentamos construir UN PLAN PASTORAL, los movimientos y diversos carismas eclesiales serán el vehículo para nuestro crecimiento en la fe. Ya nos dirán los Obispos cómo implementar esa bella Carta IUVENESCIT ECCLESIA en nuestra Arquidiócesis de Cali.

 

Por: Pbro. Germán Martínez R.

Vicario Episcopal para la Educación