Martes, 26 Julio 2016 16:33
Concilio Vitam Alere = alimentar la vida con el concilio

Por: Pbro. Germán Martínez R.

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El título en latín hace referencia a un bello regalo que hizo el Papa Pablo VI en el año 1975 a los obispos de Colombia en la Visita Ad Limina Apostolorum. Les entregó los documentos del Concilio Vaticano II. Fue como un adelanto de lo que diez años más tarde, en 1985, hizo el Sínodo extraordinario de Obispos al conmemorar los 20 años de celebración de ese gran acontecimiento eclesial.

Los padres sinodales que participaron sintetizaron así su reunión. “La Iglesia (Lumen Gentium), escuchando la Palabra (Dei Verbum) y celebrando los misterios (Sacrosanctum Concilium) anuncia la salvación al mundo (Gaudium et spes). Esos cuatro grandes documentos del Concilio trazaron unas líneas pastorales e impulsaron todo un movimiento renovador en la Iglesia que todavía continúa, es más, se sigue descubriendo cada día que pasa porque todo cambio eclesial es así, lento, difícil, con retrocesos, con miedos, con dudas, incluso con desconcierto y con vueltas a lo antiguo.

Nos ha faltado más atención al Concilio. Su profunda teología aún no permea a obispos, sacerdotes y laicos. He ahí el gran reto que tenemos: alimentar la vida con el concilio. Eso significa en concreto que en cada Diócesis, en cada parroquia, en cada comunidad religiosa, en cada movimiento apostólico se continúe reflexionando, conociendo en profundidad y viviendo cada día, sí, cada día, el “espíritu del Concilio”. Implica también que continuamente se viva la comunión eclesial, el sentido de pertenencia parroquial, la asunción de todos los procesos de crecimiento en la fe, es decir los itinerarios de iniciación cristiana, que no consisten en recibir “cursos sobre la fe”, sino en celebrar la fe, vivir la fe, transmitir la fe; eso no es cuestión intelectual, eso es cuestión de experiencia cotidiana y encima no es de corte individualista, es fundamentalmente vivencia en pequeñas comunidades. Igualmente pasa con la celebración litúrgica, es decir, todo lo referente al culto, a los Sacramentos, a la piedad popular.

Y qué decir de la escucha de la palabra. Al menos nuestra gente de las parroquias ya se apropió de términos técnicos como Lectio Divina, ya saben qué es y cómo se hace. Por ahí hay que seguir transitando con firmeza. Y finalmente está la caridad. Es consecuencia de la fe vivida, celebrada y compartida. De todo ello surge la misión, el envío, el testimonio en medio del mundo.

La fe es bella y confiere “sentido” a nuestra existencia. La fe nos ayuda a salir de nosotros mismos. La fe nos hace crecer como Iglesia y ser signo ante el mundo del gran amor de Dios por la humanidad. Anímate a vivir la fe así, con ese gran telón de fondo que es el Concilio Vaticano II, entonces dejarás la fe de primera comunión y se te abrirá un mundo amplio, bello, profundo, el mundo que Dios quiere construir contigo.

¿Cómo hacer esto? ¿Dónde hacerlo? En cada parroquia de nuestra Arquidiócesis se está organizando la Asamblea Parroquial de Agentes Pastorales, ése es el espacio natural para ir conociendo, viviendo y alimentándonos del “espíritu conciliar”. Además se ha inaugurado el mes pasado el Centro de Evangelización, situado junto al Santuario de Fátima, desde allí se comenzará a “nutrir” (así se traduce también el verbo latino alere) a todos aquellos que realmente quieran crecer en la fe, vivir la fe, celebrar la fe. Algo nuevo va surgiendo en nuestra Arquidiócesis, anímate a entrar poco a poco en la novedad del Evangelio.