Martes, 26 Julio 2016 16:21
Religiosidad Popular = Misión Permanente

Por: Pbro. Germán Martínez R.

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Esa igualdad de los términos es la que vengo trabajando hace varios meses: Misión Continental, Misión permanente, Conversión misionera, Procesos discipulares, Religiosidad popular, son sinónimos, es decir, palabras que significan lo mismo, que tienen el mismo contenido porque su raíz es la alegría del evangelio, o mejor, la alegría de evangelizar. En ese gran documento del Papa Francisco sobre la evangelización, la palabra ‘alegría’ aparece cincuenta y nueve veces. El Papa Francisco admira las exhortaciones de Pablo VI, Gaudete in Domino (Alegraos en el Señor) y Evangelii Nuntiandi (El anuncio del Evangelio) y por eso juntó dos palabras de esos grandes documentos titulando EVANGELII GAUDIUM su “hoja de ruta” para toda la Iglesia.

Su programa pastoral se puede resumir en dos frases: Soñar con una opción misionera capaz de transformarlo todo (número 27 de la Alegría del Evangelio) y la orientación misionera, como paradigma de toda la Iglesia (número 15). Pero todo ello “permeado” por la alegría de evangelizar para superar la depresión individualista y el pesimismo estéril pues dicha alegría, que tiene su fuente en Dios, nadie nos la podrá quitar.

La religiosidad popular, es decir, “la manera” como vivimos y expresamos nuestra fe en América Latina atraviesa todo el documento sobre la Alegría del Evangelio escrito por el Papa Francisco. No podemos olvidar esto ahora que viene “la moda” de hablar solamente de ‘Laudato si’, su bello texto sobre “el cuidado de la casa común”.

La fe de la Iglesia está centrada en Cristo y tiene como meta la persona, el discípulo misionero, tú y yo, somos unos descentrados: el centro es Jesucristo, que convoca y envía, y, para precisar, el discípulo es enviado a las periferias existenciales (puro lenguaje del Papa Francisco). Siguiendo muy de cerca la reunión de los Obispos en ‘Aparecida’ (Brasil 2007), el Papa Francisco afirma: “Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador, y sería inadecuado pensar en un esquema de evangelización llevado adelante por actores calificados donde el resto del pueblo fiel sea solo receptivo de sus acciones. La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados.

Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús; ya no decimos que somos discípulos y misioneros, sino que somos siempre discípulos misioneros” (número 120 de la Alegría del Evangelio). Es erróneo entender la religiosidad popular como una forma primitiva de fe o como una manera poco estudiada de la fe. Lo correcto es vivir la religiosidad popular como una forma de encuentro con Cristo que tiene su origen en la acción del Espíritu de Dios, en la iniciativa gratuita del amor de Dios y que además integra lo corpóreo, lo sensible, lo simbólico, lo más profundo de cada persona. La Conferencia de ‘Aparecida’ da otra clave a la hora de vivir y acompañar la religiosidad popular: Asumir, Purificar y Recrear (números 400 a 407) porque la religiosidad popular, como nuestra fe, “debe ser evangelizada siempre de nuevo”. La clave de toda expresión de fe está en Cristo y en la Iglesia, toda expresión de fe que se aleje de Cristo o se encierre en sí misma y desconozca la dimensión eclesial perdió el año.